lunes, 11 de agosto de 2008

Cuando el pesebrismo cultural crea supuestos literatos

Interesante, comentábamos, el debate en el Curso de Verano de San Roque sobre la relación entre literatura y poder. Pero, además de un estudio ceñido a lo que son auténticos literatos, como el citado Camilo José Cela, y su relación con el poder, el análisis debe extenderse a un fenómeno tanto o más preocupante: la emergencia de supuestos literatos que medran a base de pesebrismo cultural. Y nos referimos aquí a gentes como Javier Marías, Almudena Grandes, Lucia Echevarría, García Montero, Espido Freire, Rosa Montero y un larguísimo etcétera, cuya presencia como literatos se explica tan sólo por la aparición de un mercado de consumo de masas y su correspondiente industria cultural. Algunos de ellos, además, tienen la desfachatez de tratar de impartir ex cátedra lecciones de moral, ética o justicia social.
Estos son virtuosos únicamente de la manufactura de libros. Su relación con la literatura es inexistente. Son, ante todo, mimados instrumentos de una industria de gran facturación y en alza ante la creciente demanda de productos pseudoculturales por parte de un mercado de consumidores, ya convenientemente domesticado en el gusto por esta misma industria y que no exige la más mínima calidad.
Todo es mero capitalismo aplicado a los libros. Y mientras, la gente no lee a los verdaderos literatos: Pérez Galdós, Valle Inclán, Hesse, Dostoievski, Balzac o el propio Cela.
Esto por ubicar la relación de pseudoliteratos en un ámbito nacional, pero siendo conscientes de que puede hacerse, ¡y fácilmente!, refiriéndonos a uno local, algecireño por ejemplo, en cuyo caso el agente creador de pesebrismo deja de ser el mercado, asumiendo aquí el poder político ese poco decoroso puesto de hacedor de farsantes culturales.

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