
Estos son virtuosos únicamente de la manufactura de libros. Su relación con la literatura es inexistente. Son, ante todo, mimados instrumentos de una industria de gran facturación y en alza ante la creciente demanda de productos pseudoculturales por parte de un mercado de consumidores, ya convenientemente domesticado en el gusto por esta misma industria y que no exige la más mínima calidad.
Todo es mero capitalismo aplicado a los libros. Y mientras, la gente no lee a los verdaderos literatos: Pérez Galdós, Valle Inclán, Hesse, Dostoievski, Balzac o el propio Cela.
Esto por ubicar la relación de pseudoliteratos en un ámbito nacional, pero siendo conscientes de que puede hacerse, ¡y fácilmente!, refiriéndonos a uno local, algecireño por ejemplo, en cuyo caso el agente creador de pesebrismo deja de ser el mercado, asumiendo aquí el poder político ese poco decoroso puesto de hacedor de farsantes culturales.
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