Comentábamos hace un año algunos de los rasgos identificativos que lastran este festival de música desde sus inicios. Para esta edición, celebrada del 3 al 5 de julio, la duración del festival se ha reducido considerablemente, pero estas rémoras continúan: desconexión absoluta entre la música del festival y el folklore de la zona, afromanía rampante, flamenco omnipresente, marginación de la música clásica, escasa calidad en general, extrañas y descontextualizadas actividades alternativas, etc. Resulta triste que un acontecimiento que podría servir de revulsivo cultural para nuestra poco cultural comarca quede simplemente en esto, en banalidad, mero espectáculo, mezcla grotesca y negocio hostelero. No hay que lamentar, en consecuencia, la reducción radical de su programa, de sus escenarios y de sus actividades.
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