
Comentábamos en el anterior artículo de cómo una parte importante de la ciudadanía había picado en los anzuelos, entre otros, de las hipotecas con intereses bajos, para caer en la cesta, llena de codicia, de la burbuja inmobiliaria de donde les será durante mucho tiempo imposible salir. Pero el régimen no descansa y concibe cada día maneras nuevas de estrujar de forma inmisericorde. Cuando a muchos ciudadanos los han dejado (con tantos recibos reclamando su pago) desprovistos de toda posibilidad de vivir, les ponen otro señuelo (engaño) por delante que se llama refundación de deudas, o algo por el estilo. Esto consiste llanamente, en aflojarles un poco la soga del cuello para que puedan respirar, a cambio de que el tiempo de su esclavitud aumente. Al capital no le interesa que la población muera de inanición, puesto que si así fuera, se les acabaría la estafa, que es el medio por donde le llegan los beneficios; les interesa un buen ejército desprovisto de la conciencia de clase con la que podrían revelarse.
Volviendo a los procedimientos utilizados para guiarse y confundir a la ciudadanía asalariada, las estadísticas o encuestas, por ejemplo.
En los primeros días de mes de septiembre el Instituto del mismo nombre da publicidad al dato de la inflación, no solamente del mes anterior, sino al de los doce últimos meses, haciéndonos ver que esta inflación está situada en un 2,2% y que será el dato de referencia para la subida de salarios y pensiones. Ahora bien, como todo el mundo sabe, este porcentaje se obtiene de una lista cuasi interminable de artículos y servicios a los que la mayoría de los mortales no tiene acceso y que en nada repercute, su bajada o subida de precio, en sus necesidades más perentorias.
Para la mayoría de la población es un verdadero quebradero de cabeza el alza de los precios de aquellos artículos de primera necesidad o los también llamados componentes de la cesta de la compra y, que por ello, es imposible sustraerse a su adquisición, siendo en ellos donde se alcanza una subida de media de 5% en lo que va de año (más del doble del que nos señalan) llegando algunos, como la carne de ave al 8,2%, o las legumbres y hortalizas al 7,9%. Esto son datos del mes julio-agosto. ¿De cuánto será la subida al terminar el año cuando en origen las harinas, los lácteos, huevos y aceite de girasol soportan al día de hoy revalorizaciones del 20%? Si la subida de salarios y pensiones se hace sólo teniendo en cuenta la revalorización en conjunto y no por tramos, soslayando las necesidades ineludibles de las familias (vivienda y cesta de la compra) y alguien considera que esto no es una estafa, que vengan los adivinos y lo estudien.
Pero la más vergonzosa de las estafas, y es donde una vez más se pone de manifiesto, de alguna manera, el demérito de la sociedad en cuanto a dejarse manipular, es que el mismo sistema manifiesta que, “muchas de estas subidas son artificiales y provocadas por las cadenas de intermediarios”, que en algunos casos son interminables. Cosa, por otra parte, sabida desde hace mucho tiempo sin que los poderes públicos sean capaces de poner remedio.Al asalariado, al hombre que depende de lo que otro más fuerte, en la sociedad, le ingrese en su cuenta, se le regula todo, absolutamente todo, mientras al capital, de forma salvaje (esto es actuar de forma salvaje en toda regla), se le deja operar a sus anchas.
José Hidalgo de Castro, miembro de Foro Identidad
Artículo publicado en el diario El Faro el 1 de octubre de 2007
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