Este parásito cultural está por ello especialmente guarecido frente a las inclemencias políticas y económicas que aterran al pesebrista en general, dado que si algo caracteriza al pesebrista es su miedo a perder el pesebre, su pavor ante la posibilidad de tener que trabajar; no parece, sin embargo, que esto haya redundado, tal y como cabría esperar, en un cierto margen de independencia en el actuar de este tipo particular de pesebrista, algo que se hace evidente al observar el comportamiento público de los elementos que encajan en la clasificación de multipesebrista; lo siguiente puede ser una explicación parcial a esta aparente anomalía.
Existe una conocida relación estructural entre medios de comunicación y editoriales y críticos literarios y culturales, a la vez que existe una relación de clara complicidad y muchas veces, mucho más, como pactos tácitos, o no, entre todo este entramado cultural y los partidos políticos: el trabajo del pesebrista queda muy clarificado así, e indagando es posible detectar líneas de continuidad entre los pesebres políticos y económicos de ciertos multipesebristas, líneas pesebristas en definitiva. Será entonces esperable que la vedette cultural de un determinado partido político sea a su vez el manufacturero de cierta pseudoliteratura, que comercializa determinada editorial, ensamblada en determinado grupo de comunicación en estrecha relación con el partido político en cuestión. De hecho así sucede.
Queda con esto parcialmente anulada la aparente posibilidad de independencia cultural que era presumible en el multipesebrista. De todas formas, tampoco eran muchas las esperanzas: un multipesebrista cultural sigue siendo un pesebrista cultural, y su ocupación principal va a ser la de la conservación de su pesebre, algo bastante incompatible con cualquier tipo de independencia. Lo que sí que es esperable, y en la práctica es comprobable en el multipesebrista, es su aburguesamiento; la multitud de pesebres no sólo le ha liberado del trabajo, sino que además le ha enriquecido. La consecuencia de esto será la aparición en el multipesebrista de la mala conciencia en grado sumo, y por consiguiente, el perpetuo sermonear del multipesebrista en pro de causas que él entiende solidarias. Este sermoneo va dirigido precisamente a los que directa o indirectamente le proporcionamos el pesebre, en el que medra y ensancha su abulia y molicie cultural e intelectual, y desde el que prostituye la palabra cultura a la vez que a su persona.
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