
¿Qué partido político va a proponer al ciudadano que, en cuestión de pensamiento, arte y ciencia, se sienta por encima de cualquier partido, el suyo incluido? Cuando el artista dejó de ser un artesano al servicio de un poderoso cualquiera –entre ellos la Iglesia- y comenzó a considerársele como un artista al servicio de la sociedad, ésta viene a condicionarlo lo mismo; le obliga a cumplir con encargos, que responden a la demanda pública, lo somete a depuraciones, selecciona y excluye. Solamente ha cambiado de dueño. Si antes era un Creso –un hombre muy rico- ahora es un “craso”. ¿Cómo define el diccionario esta palabra? “(Del lat. Crasus) 1. Adj. Indisculpable. Craso error. Ignorancia crasa. 2 –adj. P. us. Grueso, gordo, espeso”. La muchedumbre, espesa e ignorante, amenaza siempre al artista creador y al filósofo, que de propia voluntad se dirigen a una minoría de mayor o menor capacidad para entenderlos y apreciarlos. Sin embargo, la política tiene que contar siempre con esa muchedumbre para dirigirla, someterla o manipularla. De aquí la desconfianza hacia toda política cultural de partido.
Si alguien cree seriamente que el arte y el pensamiento libres –siempre insurgentes, caprichosos, disconformes y críticos- pudieran ejercerse con plena impunidad en nuestros días, ni siquiera en una democracia aconfesional como la nuestra, va listo. Basta que un partido cualquiera prolongue demasiado su hegemonía, para que en la sociedad culta favorecida por el poder, surjan los marginales y los malditos, los silenciados y aún los perseguidos. (…)
No hay en democracia ni un solo partido que no evidencie en su programa sus preferencias culturales, ni apoye a los artistas y pensadores que le son afines. Ese juicio paralelo que efectúa la política secular –cuando se constituye en poder- complica mucho y secretamente el reconocimiento de la propia entidad cultural y sus desconcertantes efectos sobre la muchedumbre. ¡Ya apareció el peine! La muchedumbre, que no dejó nunca de ser “crasa” desde sus principios. Ésta y la política que la conquista y la domina, vienen a ser las enemigas públicas del creador y pensador independientes, los que rompen normas desgastadas, apreciaciones tópicas y falsas y desenmascaran verdades, que fueron tácticas mentiras e instrumentos de dominación. Esto quiere decir otra vez que nada ha cambiado en el mundo y el poder siempre se comporta lo mismo, lo ejerza quien lo ejerza, y estos adelantados de la cultura siempre estarán pasando por iguales avatares, desgracias y fortunas, silencios y olvidos. No hay nada mejor que asumirlo con la más vieja y comprometida responsabilidad individual. Y yo digo que el artista que se ofrece a la política como miembro activo, siempre va contra sí mismo. A veces, de un modo bien trágico y prosaico. (…)
Si alguien cree seriamente que el arte y el pensamiento libres –siempre insurgentes, caprichosos, disconformes y críticos- pudieran ejercerse con plena impunidad en nuestros días, ni siquiera en una democracia aconfesional como la nuestra, va listo. Basta que un partido cualquiera prolongue demasiado su hegemonía, para que en la sociedad culta favorecida por el poder, surjan los marginales y los malditos, los silenciados y aún los perseguidos. (…)
No hay en democracia ni un solo partido que no evidencie en su programa sus preferencias culturales, ni apoye a los artistas y pensadores que le son afines. Ese juicio paralelo que efectúa la política secular –cuando se constituye en poder- complica mucho y secretamente el reconocimiento de la propia entidad cultural y sus desconcertantes efectos sobre la muchedumbre. ¡Ya apareció el peine! La muchedumbre, que no dejó nunca de ser “crasa” desde sus principios. Ésta y la política que la conquista y la domina, vienen a ser las enemigas públicas del creador y pensador independientes, los que rompen normas desgastadas, apreciaciones tópicas y falsas y desenmascaran verdades, que fueron tácticas mentiras e instrumentos de dominación. Esto quiere decir otra vez que nada ha cambiado en el mundo y el poder siempre se comporta lo mismo, lo ejerza quien lo ejerza, y estos adelantados de la cultura siempre estarán pasando por iguales avatares, desgracias y fortunas, silencios y olvidos. No hay nada mejor que asumirlo con la más vieja y comprometida responsabilidad individual. Y yo digo que el artista que se ofrece a la política como miembro activo, siempre va contra sí mismo. A veces, de un modo bien trágico y prosaico. (…)
2 comentarios:
Ciertamente, para que el arte fosilice y se anquilose lo único que hace falta es subvencionarlo, sea quien sea el partido que mande. Hay que terminar con esto. La idea de arte como bien de función social es regresiva.
Mi enhorabuena por vuestra labor.
¡Cómo aguantais! No desespereis,ni espereis todo lo bueno de las izquierdas (Tan mayores y tan torpes). No es cuestión de partido, es cuestión de sensibilidad, y ello es propio de las personas que los componen. Buscad y las hallareis. Un abrazo.
Publicar un comentario