No quiero en este caso hacer sociología pura y abstracta, es decir aumentar el acerbo de saber de tan noble ciencia en su corpus puramente teórico, sino que quiero realizar una sociología con adjetivo, una sociología muy concreta, la sociología del pesebrista político-cultural, a fin de tener una descripción completa de este sujeto tan dañino para nuestra sociedad.
En efecto, es función de nuestro Foro cuyo subtítulo reza “Asociación para el desarrollo del pensamiento filosófico y social”, realizar una crítica social de los fenómenos sobresalientes de la misma, tanto en sentido positivo como negativo y consideramos a este fenómeno del pesebrismo como en gran parte culpable de que no se denuncien los poderes que controlan la sociedad y esclavizan a los ciudadanos con sus mentiras. Este pesebrismo de los pseudo-intelectuales vendidos a su estómago y a sus prebendas de lujo o fama es de lo más negativo para una sociedad auténticamente libre. Se trata de supuestos intelectuales, de supuestos pensadores o comunicadores -de todo hay- que no cumplen la necesaria función social constructiva o de denuncia a que estarían llamados por su función o papel en la misma y están vendidos a los poderes fácticos.
Por tanto, esta descripción social del pesebrista entra de lleno dentro del estudio sociológico aplicado, ya que incide en el conocimiento de un elemento social que, hoy por hoy, es responsable de la degradación del tejido social y de las instituciones políticas, económicas y culturales de la misma; responsable de cómo los grupos de poder influyen en las maneras de ser de los individuos que, a su vez, a causa de las interacciones sociales hacen que estos grupos de poder queden impunes y sigan ejerciendo un control indebido sobre los adormecidos ciudadanos.
Estos pesebristas, al servicio de sus amos, son socialmente personajes blandos. Sin embargo, suelen cubrirse con una apariencia de denuncia continua de todo lo que es injusto, una apariencia de revolucionarios, de terribles elementos que van en contra del sistema, etc. Este papel lo ejercen, naturalmente, hasta el momento en que algún grupo de poder social, económico o político solicita sus servicios, cosa que aceptan inmediatamente pues, en el fondo, es lo que iban buscando.
Cuando forman parte de alguna asociación que sirva dócilmente a alguno de estos poderes, esta pequeña asociación de la que forman parte, ha de estar estructurada de forma que exista un acuerdo tácito de alabanza mutua y de a-criticismo ético sobre las acciones de cada uno. El valor supremo es el estético, no el ético. Mediante la estética es posible tergiversar las acciones que repugnan a cualquier conciencia socialmente comprometida, pues ésta, la estética, se presta mucho mejor al relativismo gnoseológico y ontológico que suelen profesar estos individuos.
Buscan socialmente el halago y la falsa notoriedad hueca y vacía. Es más importante para ellos el falso éxito que las consecuciones en bien de la auténtica cultura mediante la cual las masas podrían subir un escalón en la conciencia social y salir de la alienación cultural en que los tienen sumidos estos pseudo-intelectuales.
Su nexo con las grandes instituciones y líderes históricamente grandes de la cultura es la falsa imitación. Por poner un ejemplo, si el modelo histórico que pretenden imitar o la adscripción política que pregonaban era de izquierdas o de lucha por los derechos humanos, se pondrán al servicio de alguna institución política que regente poder y necesite de ellos para que imite el mantenimiento de estos derechos. Claro, las personas que mantienen su capacidad crítica sana se preguntan: ¿puede el zorro proteger a las gallinas?
Buscan estos pesebristas todo lo que sea oficial: mejor alguna conexión fuerte con los ministerios de cultura o las concejalías de cultura, si son ayuntamientos, que el libre concurso para que se les dote de las ayudas legales, estrictamente.
A partir de ese momento, el lastimoso estado de su inteligencia les es muy útil a estos supuestos teóricos, pergeñadores de relatos, supuestos poetas y hacedores-de-discursos-que-no-dicen-nada o que dicen y contradicen constantemente lo que dijeron antes, ya que han de ponerlo al servicio de estas instituciones políticas, sociales y económicas que les pagan para tergiversar su función, la cual debería estar al servicio de la verdad y de la auténtica cultura.
Su desequilibrio entre el saber y el sentir les permite engañarse a sí mismos y continuar en esta rutina de vender sus inteligencias a sus dueños institucionales, contribuyendo así a configurar una sociedad cada vez más alienada de sí misma y desestructurada.
Como socialmente son imitadores de falsos líderes, terminan por querer imitar a sus vanos y soberbios amos y, así, creen ser también tan importantes como los políticos o ricos a cuyo servicio están. De este modo, creen en su delirio ser inteligentes, agudos, cultos, tener éxito intelectual y que todas las miradas están puestas en ellos. Como consecuencia, tienen la ilusión de que cambian socialmente las cosas, que contribuyen al mejoramiento de los ciudadanos, de la sociedad en general; imaginación a la que contribuyen los frecuentes eventos en que participan realizados con dinero público y con afluencia de personas que no tienen más remedio que ir a causa del lugar social que, a su vez, ocupan. Todo lo cual les hace reafirmarse en su sentimiento de ser socialmente importantes y culturalmente notables.
1 comentario:
Tienes toda la razón del mundo. Sólo hay que ver el nivel del cine español desde la muerte de Buñuel. Aberrante, de media. Y encima con mis impuestos.
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